miércoles, 12 de diciembre de 2012
martes, 20 de noviembre de 2012
viernes, 26 de octubre de 2012
Animaps: crea tus rutas animadas en Google Maps
¿Cuánto de sí un mapa para el aprendizaje? Mucho más de lo que parece. Gracias a aplicaciones como Google Earth o Google Maps , que cada vez se utilizan más en el aula , los mapas han empezado a ser algo más que una simple herramienta para enseñar Geografía o Historia. Buen ejemplo de ello es Animaps , una aplicación web que nos permite trazar rutas animadas y presentarlas gráficamente a través de un vídeo. Basado en el mapa de Google Maps, aporta una dosis de interactividad y con un manejo bastante simple. Para entender cómo funciona, basta con ver algunas de las rutas animadas creadas por los propios usuarios: desde un viaje turístico por Turquía hasta las etapas del Tour de Francia , pasando por el recorrido de los aviones en los atentados del 11S. ¡Lo que se nos ocurra! Ahora bien, ¿Qué nos permite hacer Animaps? Configurar la duración real que lleva cada trayecto (horas, días…), aunque luego todo esto se verá de forma acelerada resultando un vídeo final de unos pocos segundos o minutos. Insertar fotos o mensajes en determinados puntos del recorrido, para que se muestren automáticamente conforme se pasa por ellos. Elegir entre multitud de iconos (muñecos, aviones, barcos, camiones…) que representarán el objeto en movimiento. Trazar múltiples rutas que se mostrarán simultáneamente, cada una por su lado y con su propia duración. Modificar la vista del mapa conforme avanza el trayecto, alejando, acercando o desplazándola para no perder de vista a los “viajeros”. Compartir tu ruta animada en la web de Animaps o configurarla para que sea privada. Hablaremos en otro post de sus diversas aplicaciones en el aula, y mostraremos rutas creadas por nosotros.
¿Cuánto de sí un mapa para el aprendizaje? Mucho más de lo que parece. Gracias a aplicaciones como Google Earth o Google Maps , que cada vez se utilizan más en el aula , los mapas han empezado a ser algo más que una simple herramienta para enseñar Geografía o Historia. Buen ejemplo de ello es Animaps , una aplicación web que nos permite trazar rutas animadas y presentarlas gráficamente a través de un vídeo. Basado en el mapa de Google Maps, aporta una dosis de interactividad y con un manejo bastante simple. Para entender cómo funciona, basta con ver algunas de las rutas animadas creadas por los propios usuarios: desde un viaje turístico por Turquía hasta las etapas del Tour de Francia , pasando por el recorrido de los aviones en los atentados del 11S. ¡Lo que se nos ocurra! Ahora bien, ¿Qué nos permite hacer Animaps? Configurar la duración real que lleva cada trayecto (horas, días…), aunque luego todo esto se verá de forma acelerada resultando un vídeo final de unos pocos segundos o minutos. Insertar fotos o mensajes en determinados puntos del recorrido, para que se muestren automáticamente conforme se pasa por ellos. Elegir entre multitud de iconos (muñecos, aviones, barcos, camiones…) que representarán el objeto en movimiento. Trazar múltiples rutas que se mostrarán simultáneamente, cada una por su lado y con su propia duración. Modificar la vista del mapa conforme avanza el trayecto, alejando, acercando o desplazándola para no perder de vista a los “viajeros”. Compartir tu ruta animada en la web de Animaps o configurarla para que sea privada. Hablaremos en otro post de sus diversas aplicaciones en el aula, y mostraremos rutas creadas por nosotros.
martes, 23 de octubre de 2012
Actividad Clase 2 – Hibridación en el aula
Marcha de San Lorenzo
¿Cómo crear un código OCR? Ejemplo con la Marcha seleccionada
Código obtenido que verán los alumnos en el patio de la escuela.
| Código que estará en el patio para que los alumnos y docentes puedan tomar con sus celulares. |
martes, 7 de agosto de 2012
Hoy se celebra el cumpleaños número 21 del día en que Tim Berners-Lee, conocido como el padre de la Web, publicó oficialmente la primera página en la Web.
Fue el 6 de agosto de 1991 cuando en las instalaciones de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), el investigador Berners-Lee publicó una página web sencilla, utilizando un servidor NeXT, fabricado por la empresa del mismo nombre, famosamente creada por Steve Jobs.
Como reportó The Verge, la página Web fue destinada para consignar información sobre los detalles de la World Wide Web, que en su momento fue definida como “un área amplia de recuperación de información hipermedia con el objetivo de dar acceso universal a un amplio universo de documentos”.
Por esto, el contenido de la página web contaba detalles técnicos sobre el hipertexto, cómo crear nuevas páginas, cómo, en el futuro, se podría buscar información en la Web, tenía una sección de preguntas frecuentes, un listado de las personas involucradas en el proyecto y la forma cómo los interesados podrían colaborar.
La CERN todavía conserva una replica de la primera página web, aunque no se trata de la versión que fue lanzada en 1991 sino la que vio la luz un año después, que cuenta con algunos cambios y mayor información conforme al proyecto que se estaba desarrollando.
Pese a que no existen imágenes de la página original, The Verge asegura que la que conserva la organización es un buen recordatorio de lo mucho que la Web ha crecido en un tiempo relativamente corto, y un gran ejemplo de la preservación en la era digital.
jueves, 12 de julio de 2012
sábado, 16 de junio de 2012
A propósito de los constantes cambios que van a la velocidad de los avances tecnológicos, el mundo se pudo distinto y para nuestras costumbres ya añejas ya no hay espacio.
Eduardo Galeano, el autor de Las Venas Abiertas de América Latina hace una muy buena reflexión al respecto. He aquí este interesante material.
¡Disfrutenlo!
_________________________///
¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
¡Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.
¡¡Nos están fastidiando!! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos...¡Cómo guardábamos!! ¡Tooooodo lo guardábamos! ¡Guardábamos las tapas de los refrescos! ¿Cómo para qué? Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡Los diarios! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para pone en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘éste es un 4 de bastos’.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden ‘matarlos’ apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡ni a Walt Disney!
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: ‘Cómase el helado y después tire la copita’, nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡Ah! ¡No lo voy a hacer! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo, pegatina en el cabello y glamour.
Eduardo Galeano, el autor de Las Venas Abiertas de América Latina hace una muy buena reflexión al respecto. He aquí este interesante material.
¡Disfrutenlo!
_________________________///
Me cai del mundo y no sé cómo se entra
Eduardo Galeano
Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.
No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.
Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Sí, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.
¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables!
¡Guardo los vasos desechables!
¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!
¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
¡Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!
¡Es más!
¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.
¡¡Nos están fastidiando!! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)
No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.
De ‘por ahí’ vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el ‘guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’, pasarse al ‘compre y bote que ya se viene el modelo nuevo’. Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado. ¡Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo! Pero por Dios.
Mi cabeza no resiste tanto.
Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Sí, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos...¡Cómo guardábamos!! ¡Tooooodo lo guardábamos! ¡Guardábamos las tapas de los refrescos! ¿Cómo para qué? Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡Los diarios! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para pone en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘éste es un 4 de bastos’.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden ‘matarlos’ apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡ni a Walt Disney!
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: ‘Cómase el helado y después tire la copita’, nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡Ah! ¡No lo voy a hacer! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo, pegatina en el cabello y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la ‘bruja’ como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la ‘bruja’ me gane de mano y sea yo el entregado.
domingo, 10 de junio de 2012
Wordle es una aplicación online gratuita con la cual se pueden generar Nubes de palabras a las que se les puede dar diversos formatos visuales a partir de un texto cualquiera o una dirección web. Sin duda es una herramienta que puede ser muy motivadora para docentes y estudiantes toda vez que estas nubes resaltan las palabras que más se utilizan en el texto o web a partir de la cual se utiliza la aplicación.
Para iniciar esta experiencia ingrese a la web hacer clic en http://www.wordle.net/ y para iniciar a contruir s primera nube de palabras hacer clic en Create (Crear).
domingo, 18 de marzo de 2012

A veces necesitamos realizar una consulta o encuesta entre los usuarios de nuestro sitio, amigos o contactos. La verdad es que esto no supone demasiado problema, pues internet nos ofrece una gran colección de herramientas con las que podemos crear todo tipo de encuestas.
Últimamente están proliferando las aplicaciones online para crear encuestas de forma muy rápida y sencilla, ya hemos comentado unas cuantas, y hoy os traigo otra nueva opción: Pollmo Polls.
Este sitio nos permite crear encuestas en pocos segundos, o minutos, todo lo que debemos hacer es escribir el título de la encuesta y las posibles respuestas. Finalmente elegir una de las plantillas disponibles, simples y en distintos colores.
Una vez creada la encuesta se nos facilita una url para compartirla en internet, enviarla por email, compartirla en las redes sociales o foros, etc. También se os proporciona el código para insertarla en nuestra web o blog.
sábado, 17 de marzo de 2012
viernes, 17 de febrero de 2012
viernes, 10 de febrero de 2012
jueves, 9 de febrero de 2012
viernes, 3 de febrero de 2012
jueves, 2 de febrero de 2012
miércoles, 25 de enero de 2012
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